viernes, 17 de junio de 2016

Crisis de identidad en los símbolos patrios.

Abanderados, Regimiento de Caballería de Exploración 5 General Güemes
Uniforme Histórico de Infernales de Güemes
Por Jorge Gianella
¿Qué es un símbolo patrio?
Es una figura, elemento o pieza musical que por sí mismo representa e identifica a un país. Son: la Bandera, el Escudo (compuesto por motivos y elementos que tienen cada uno un significado concreto, generalmente referidos al trabajo, el coraje y los valores nacionales) y el Himno Nacional, que le canta a las gestas libertadoras, hace alusión al origen de la nación y enaltece los valores de la nacionalidad de que se trate.

¿Qué significan los símbolos patrios?
Son aquellos elementos que nos distinguen de las demás naciones o países.
¿Porque es importante respetar a los símbolos patrios?
Los símbolos patrios son una construcción humana acerca de un referente histórico, cultural o significativo de una comunidad (como los colores de determinada bandera). Inicialmente los símbolos eran medios de reconocimiento entre las personas pueden conjugar o resumir ciertos valores o ideales sociales de tal modo que sean objetivos comunes. Las banderas antiguamente eran usadas para que los ejércitos dispersos en una pelea pudieran ubicar su lado del campo. En resumen los símbolos patrios conjugan valores, historia, sentimiento, identidad y pertenencia a un país o incluso a un grupo determinado. Hay quienes piensan que los símbolos patrios, formulan la continuidad, patrimonio y la herencia cultural de los pueblos a través del tiempo.
Un vacío recorre hoy la significación de los símbolos patrios en la vida cotidiana de los argentinos, está en crisis el valor de identidad y continuidad histórica que marca el pasado y los elementos fundadores de la Nación, como el himno, la bandera y el escudo.
    Mientras tanto, cobran presencia otras manifestaciones vinculadas con los símbolos, como la camiseta del seleccionado nacional de fútbol

    "Lo bueno de los símbolos patrios es que sean conocidos como una creación histórica y se los aprecie como marca de identidad".

Despertando en principio el sentimiento básico de ser poseedores de determinados emblemas, "lo importante es verlos como creaciones nuestras, y apropiarnos de ellos con su relieve histórico pero no convertirlos en un mito que nos ahoga".

    La apropiación de los símbolos nacionales por parte de distintos regímenes políticos elitistas o autoritarios, a lo largo de la historia del país, o de quienes pregonan los valores patrióticos pero no defienden los intereses nacionales, alejó en un momento y otro a la gente, de la significación de aquellos elementos fundadores de la Argentina.

    Las costumbres respecto del uso de los símbolos, patrios en las ceremonias oficiales datan de normas que se fueron definiendo a lo largo de los casi dos siglos que distan desde la creación de los emblemas nacionales.
    En la Argentina, el modelo de sus usos fue tomado de Gran Bretaña y Francia.
"cada presidente tiene su estilo e imparte instrucciones especiales, sobre la base del respeto de normas comunes", afirma la Dirección de Ceremonial de Presidencia de la Nación.

    La bandera, según la costumbre, no se dobla ni se pliega para transportarla. El abanderado, en este caso, la toma entre sus manos con el sol para afuera.
   
 Tampoco se lava, según la tradición. No obstante, existe la autorización para lavarla, según los voceros de Ceremonial, quienes estiman que por razones económicas a veces es necesario un poco de agua y jabón, ya que hay muchas escuelas que no pueden costearse una bandera nueva.

    Tras estas normas y costumbres, allí está, reposa en lo alto, con un movimiento armónico que no cesa nunca, y que nunca deja de marcar la pertenencia, en medio de la dinámica de los acontecimientos y de la Historia.

Fueron muchos los usos dados a nuestros símbolos patrios que, se han encuadrado dentro de la ley, y que quizás han realizado su aporte para que de a poco, los fuéramos alejando de la gente en su transitar cotidiano; pocos son los que al escuchar las estrofas del Himno Nacional, detienen su marcha, muchos menos los que se atreven a ponerse de pie, mucho menos en un lugar concurrido.
Lo mismo pasa, cuando nuestra bandera se traslada majestuosa por el mástil, nos hacemos los distraídos, los que no nos percatamos de magnífico acontecimiento. Cual debería ser la reacción lógica, detener nuestro camino, ponernos de frente al mástil y en silencio acompañar con la vista nuestra enseña nacional.
Me he preguntado mil veces, cual es el motivo por el cual, no fuimos alejando de estas costumbres, que tuve la suerte de observar y con gran admiración en mi niñez, cuando las personas mayores, se detenían en la calle al percibir el Himno Nacional o ver izar o arriar nuestra bandera.
Buceando un poco en la historia de nuestro país, uno puede sorprenderse cuan fácil se ha bastardeado a los símbolos patrios o utilizados con fines mezquinos, políticos, eleccionarios o publicitarios; pretendiendo desconocer leyes, reglamentos y normas, que otrora tuvimos incorporada a nuestras costumbres y vida cotidiana.
¿Quizás la falta de identificación con estos sea un resultado del continuo trabajo de destrucción del ser nacional?
Quizás el minimizar algunos actos, por que los realiza tal o cual persona o institución, el modificar las fechas conmemorativas de nuestra historia nacional, son sin lugar a dudas factores que nos alejan de nuestro verdadero sentido de patria; unido a prejuicios, temores y vergüenzas; en donde manifestarse “Nacionalista” es un Pecado que influye temor y solo se supera en los triunfos deportivos que nos permiten sacar el sentir nacional desde lo profundo y manifestarlo abiertamente.
    No hay una conciencia de que el símbolo está ligado a nuestra identidad y acá está el gran dilema sobre qué pasa con nuestra identidad.

    Por eso, la falta de contenido que hoy tienen los símbolos nacionales, está ligada al problema de qué pasa hoy con la identidad, porque los símbolos –que cobran sentido en cada presente- son lo que permanece y es lo que da idea de continuidad histórica en la vida de un pueblo.

El himno

Si tomamos nuestro Himno Nacional, tema que hoy nos convoca, podremos recordar, mas de una oportunidad en la que participamos de actos en los que al entonarlo, nos atraía o distraía cualquier cosa del entorno y no precisamente lo que cantábamos.
Si no poseemos buena voz, cantamos o murmuramos las estrofas de la canción patria?
Cuando Charly García decidió grabar su propia versión del Himno Nacional Argentino para incluirla en su álbum "Filosofía barata y zapatos de goma" (1990), se convirtió en el primero en romper la barrera que separaba al rock de la máxima canción patria.
    Mezclando desenfado, potencia e innegable talento, García se atrevió a recrear a su manera un tema que durante años pareció estar congelado en la solemnidad de los actos escolares y oficiales.

Desde lo artístico se apoyó estrictamente en la letra de Vicente López y Planes pero se permitió algunas libertades sobre la melodía original de Blas Parera.
    El salto musical llevó al himno hacia el rock lento, agregó filosas ráfagas de guitarras eléctricas en el fondo del tema y adquirió un toque emotivo y marchoso hacia el épico final de laureles eternos.
    La numerosa legión de seguidores del músico - entre la que se cuenta una gran cantidad de jóvenes y adolescentes- incorporó esa mirada sobre el himno entre los cánticos festivos y de salutación, dándole un nuevo y más vivo significado a la canción
    Un particular pretendía que la versión de Charly García no se difundiera por radios nacionales decía que era una "ofensa al símbolo patrio" la justicia rechazó la denuncia y García se mostró contento.

Amparado en esa norma legal que establece que "ninguna otra pieza que no sea aquella identificada en los artículos 6 y 7 del decreto 10.302/44 puede ser considerado como versión oficial y auténtica para ejecutar en actos oficiales, ceremonias publicas y privadas, por bandas militares, policiales o municipales en establecimientos educativos". Mas argumentó que la versión de García "constituía una ofensa al símbolo patrio" Pero la cámara rechazó la denuncia recordando que el mismo decreto "no prohibe versiones existentes ni futuras de la canción patria".
    "El Grito Sagrado" fue la iniciativa lanzadas el 25 de mayo de 1998, por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, una decisión política y estética que buscó recrear las canciones patrias para que rencuentren su lugar en la emoción de la ciudadanía.

    El proyecto pedido por la Secretaría de Educación fue coordinado y dirigido artísticamente por Lito Vitale, reunió la música del pianista con las voces de siete reconocidos cantantes populares: Jairo (para el Himno Nacional Argentino), Alejandro Lerner (Marcha de San Lorenzo), Sandra Mihanovich (Himno Sarmiento), Víctor Heredia (Aurora), Fabiana Cantilo (Saludo a la Bandera), Pedro Aznar (Himno al General San Martín), Juan Carlos Baglietto (Mi Bandera), son quienes interpretan las canciones patrias.

    "Estas adaptaciones son una manera de acercar la juventud a los símbolos patrios y a su significado", "la gente empezó a entender las letras, las frases, que nunca se sabían del todo; se pensaba, por ejemplo, que ‘azul un ala’ de ‘Aurora’ iba todo junto".

Para finalizar, debemos pensar que estas adaptaciones son sentidas por los chicos, "como una manera de hacer más soportables estas canciones, que sean más llevaderas, pero no le suma otra cosa". "Lo que tienen los símbolos es que dan una identidad, porque son los mismos a través del tiempo; cuando una habla de la identidad es porque pueden mantener ciertas tradiciones, cambiando algunas cosas, pero una de las cosas que "no hay que cambiar son los símbolos".
Una  Historia para rescatar
En 1817, un norteamericano, el diplomático Henry M. Brackenridge, fue testigo de la extraordinaria difusión que había tenido en el pueblo rioplatense la canción patriótica, con letra de Vicente López y Planes y música de Blas Parera, que la Asamblea del año 1813 había consagrado como Marcha Nacional. Brackenridge viajaba en un pequeño barco desde Montevideo a Buenos Aires y, en el transcurso de la travesía, escuchó las estrofas del himno coreadas espontáneamente por sus acompañantes. El relato de Brackenridge, tomado de su libro Voyage to South America, publicado en Baltimore en 1819, decía:

\"Por la tarde, nuestros compañeros, después de beber un vaso de algo estimulante, rompieron con una de sus canciones nacionales, que cantaron con entusiasmo como nosotros entonaríamos nuestro ‘Hail Columbia!’. Me uní a ellos en el fondo de mi corazón, aunque incapaz de tomar parte en el concierto con mi voz. La música era algo lenta, aunque audaz y expresiva... este himno, me dijeron, había sido compuesto por un abogado llamado López, ahora miembro del Congreso, y que era universalmente cantado en todas las provincias de El Plata, así en los campamentos de Artigas, como en las calles de Buenos Aires; y que se enseña en las escuelas como parte de la esencia de la educación de la juventud...\"

La necesidad de tener una canción patriótica se sintió en Buenos Aires en 1812, es decir antes de la Declaración de Independencia (que ocurrió el 9 de julio de 1816). Las llamadas entonces Provincias Unidas de Sudamérica se habían dado un gobierno propio el 25 de mayo de 1810, y en 1812 el gobierno del Triunvirato había pedido una marcha patriótica. Unos meses después, en 1813, se reunió una Asamblea Soberana. La Asamblea encargó al abogado Vicente López y Planes la creación de la letra, y luego encomendó al músico y empresario teatral catalán Blas Parera que le pusiera música.
   

Sin duda alguna la crisis no está en otro lugar que en la falta de identidad en la que nos vemos involucrados los argentinos en este momento, tenemos que trabajar en pos de recuperarla, de poder despertar en todos y especialmente en los más jóvenes el sentimiento nacional que canalizamos en los deportes y el poder involucrarnos con nuestras cosas nos ayudará a despertar con fuerza el “Ser Nacional” que parece dormido desde hace tiempo.

El tema "es saber de dónde venimos y a dónde vamos y entonces aceptaremos el himno aunque sea barroco"


Salta, 5 de mayo de 2010
Primer Encuentro Nacional de Folklore

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