sábado, 11 de junio de 2016

Dos objetos en la historia

por: Jorge Gianella

Salta, y sobre todo en los tiempos de la Independencia, fue la gestora de la libertad americana, por su suelo, vibró el fragor de las batallas, los cascos de los caballos en guerra y la sangre de los hombres, la regó de historia.
Muchas veces pretendemos bajar del bronce a los héroes, por las razones más dispares e inimaginables, pero la realidad supera a toda leyenda, y sobre todo cuando vinculamos a esta, a la historia de Martín Miguel Juan de Mata Güemes.
“Hacerlo más humano”, es quizás lo que uno escucha con mayor frecuencia, pero también el conocer detalles perdidos, lo humanizan cuando uno los puede palpar, ver y sentir en carne propia.

Dos casi leyendas se mantuvieron por muchos años entre las tradiciones familiares del Héroe Gaucho, una de ellas estaba vinculada a una Patena, la otra su fiel compañero “Moro”,
Se llama patena en la liturgia, al platillo en el que se pone la hostia en la misa desde, acabado el paternóster hasta el momento de consumir, otra acepción hace referencia a Medalla grande, con una imagen esculpida, que se pone al pecho, este es el caso al que nos vamos a referir.
La “Patena de Güemes”, es una medalla rectangular de metal esmaltado, que representa en relieve y colores vivos a nuestro Señor Jesucristo en el “ECCE HOMO” (este es el hombre), esta imagen es una representación de Jesús detenido, herido y con una corona de espinas en el momento de ser presentado por Pilatos al pueblo, esto hace referencia a un pasaje del Evangelio de Juan (19:5).
Sobre esta Patena, escribe Paulino Arroyo en la revista Sucesos Salteños Nº 2 (Salta, 1964) pág. 8 y es trascripta en el Boletín del Instituto Güemesiano de Salta Nº 4, año 1980, pag. 144 y 145.
También encontramos una importante referencia a ella en el Fragmento de carta de doña Rosaura Castro de Güemes, esposa de Luis Güemes a su hijo Luis, fechada en Salta, 16 de abril de 1877; publicada  en el Güemes Documentado tomo 12, página 140, cuando en una nota al pie de Domingo Güemes dice: “…y también la patena o medalla grande con la imagen esculpida del Nazareno que, según la tradición, Güemes siempre llevaba en el pecho”
La tradición a la que hace referencia, dice que se le habían pronosticado que le sería fatal no llevarla, cosa que ocurriera aquel 7 de junio de 1821, que por el apuro de llegar a la ciudad la olvidara.
Hoy los Salteños podemos apreciarla en una vitrina ubicada en un costado del Panteón de las Glorias del Norte, cerca de la puerta de ingreso al mismo. En los últimos años podemos apreciarlo también en el lazo del faldón del Señor del Milagro en tiempos de la novena y durante la procesión del 15 de Septiembre.
En cuanto al “Moro” su corcel preferido y fiel compañero, se adentró en la historia también, aquel fatídico 7 de junio. Bartolomé Mitre en su “Historia de Belgrano” a mediados del siglo XIX, rescata de forma muy escueta una simpática leyenda, la del veloz Moro de Güemes, la que hace referencia, que al notar este a su jinete herido, golpeó tan fuerte con el vaso de su pata el piso de la calle, que para siempre, dejó su huella grabada.
Un romance se menciona en el artículo “El fiel compañero de Güemes: SU MORO”, publicado en la revista Billiken Nº 2422 (Editorial Atlántida S.A.; Buenos Aires, 1966) pags.: 32 y 33. Que dice:
La huella de su herradura
Fija en la piedra quedó
¡Como perenne testigo
de aquella noche de horror!


Objetos expuestos en una vitrina, en el Panteón de las Glorias del Norte de la Catedral de Salta.
Se destaca en la parte superior Patena de Peltre, Trozo de Mandil, cofre  al centro y relicario con un machón  de cabellos.

Con el tiempo, tuve la oportunidad personal de charlar con algunos de quienes participaron, del traspaso de los restos del General Güemes, al Sarcófago donde hoy descansan en el Panteón de las Glorias del Norte, uno de ellos (Rosario Marinaro) por entonces un joven integrante del Fortín el Tuscal de Velarde; en su relato, hace referencia que junto a los restos del General había un Ladrillo, vino a mi memoria casi simultáneamente el Moro, le pregunté, ¿Como era?, ¿Si lo había visto?, su respuesta fue aún más interesante; - Si, respondió, - Parecía muy viejo, a mi me llamó la atención que en uno de sus lados había una marca, como una c, va…, parecía la punta de una herradura.
Indudablemente el corazón ya se quería salir, pero solo queda esperar y quizás pronto podremos tener expuesto este ladrillo, y ver la marca que el Moro dejó para la eternidad.


   Jorge A. Gianella

Revista Pucará  Salta, Junio de 2014

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